De la TV a la Historia (y viceversa)

11 marzo 2009

José Carlos Rueda Laffond, Carlota Coronado Ruiz y Raquel Sánchez García son profesores de la Universidad Complutense de Madrid, e investigadores en el Proyecto “La mirada televisiva, 1977-2009”, financiado por esta Universidad y la Comunidad Autónoma de Madrid. En la actualidad están desarrollando una investigación sobre la representación histórica en televisión. Esta reflexión forma parte de esa línea de investigación .

En España, las producciones históricas más reconocibles como tales –es decir, los documentales de montaje de corte divulgativo- suelen mimetizarse en las parrillas televisivas generalistas, alejándose del prime-time y de las horas de saturación publicitaria. En la actualidad, por ejemplo, el reino del documental pedagógico –La 2- emite productos de estas características los domingos en la sobremesa. Su cuota de pantalla es irrisoria, pero su mera presencia ayuda a fundamentar la identidad referencial de la cadena como servicio público, o sea, como plataforma cultural legitimada. Pero también existen excepciones. La serie de Elías Andrés y Victoria Prego, La Transición fue inicialmente emitida, casi a hurtadillas, en las noches de domingo del somnoliento mes de agosto de 1995.

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Sin embargo, este producto gozó de audiencias elevadas. En otros casos se han producido dinámicas de arrastre, como consecuencia de fórmulas probadas de éxito. La serie de Boca Boca Los 80, emitida por Telecinco en 2004, trabajó variantes alternativas a Cuéntame cómo pasó, del Grupo Ganga. Y ésta, a su vez, se inspiraba en una de las realizaciones pioneras en tratar la memoria nostálgica de la generación del baby boom (la norteamericana The Wonder Years). El formato asumido en Los 80 era equiparable al de Cuéntame, al igual que muchos de sus estándares de producción. La clave consistía en trasladar al escenario de la movida madrileña una red de puntos de fijación que los Alcántara personificaban entre los felices sesenta y los dubitativos setenta. Sin embargo, la apuesta de Telecinco fracasó. Cuéntame ha conseguido, en cambio, llegar hasta el año 1977, un período histórico luminoso, aunque aquella fecha –la de los Pactos de la Moncloa- fuese también la de una durísima crisis económica y social. Este es el mismo año elegido para situar las tramas de La chica de ayer, que emitirá Antena 3, con una focalización más interesada por el thriller policial que por la crónica costumbrista de barrio. Esta producción bebe en la exitosa Life on Mars británica, que, a su vez, va a dejar de emitirse en su versión adaptada por la cadena estadounidense ABC (en este caso, los derechos de emisión para España los posee Cuatro), a la vista de sus malos resultados de audiencia.

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Una de las series que más insistentemente ha evocado, desde la intemporalidad, el paso del tiempo y la omnipresencia cultural de la televisión (Los Simpson, claro) mantiene unos índices de aceptación media sorprendentes. Y ello, a pesar de la reemisión de sus temporadas en España durante años y años. En una ocasión, Marge preguntó a Homer qué le había hecho al coche, que antes funcionaba. “¡Antes! ¡Antes! ¡Vives en el pasado, Marge!” fue su airada respuesta. El share diario de Los Simpson roza al de Amar en tiempo revueltos, la telenovela-río de TVE1 que se basa en vivir del pasado, proponiendo una recreación a pequeña escala de la vida cotidiana en ese franquismo de transición que fueron los años cincuenta. También bebiendo del pasado, la acumulación nostálgica propuesta por TVE1 en la primera emisión de Los mejores años obtuvo un share del 19´3, y una audiencia de casi tres millones y medio de espectadores, siendo el espacio más visto en su jornada de estreno.

El sistema televisivo permite que los programas de ambientación histórica se sitúen en una bisectriz que, como señala Robin Nelson, oscila entre lo local, lo regional, lo nacional y lo global. El pulgar del televidente –o sea, que vaya hacia arriba o hacia abajo- es parte crucial en este mercado de localismos e intercambios televisivos. Otra cosa es prever cuál será la dirección del dedo en el mando a distancia. Cualquier ejercicio de prospectiva está dominado por variables a veces imponderables, como son el acierto temático, la conveniente adecuación de los códigos estilísticos y semánticos, la eficacia actoral, el combinado entre asimilación y originalidad, o la capacidad ofensiva/defensiva frente a la competencia. A todo ello hay que añadir cuál es el clima hegemónico reinante en los mapas de significación que manejan los espectadores.


I Premio de Reportajes Ricardo Ortega

2 marzo 2009

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Me parece un premio necesario en los tiempos que corren. En la Facultad donde trabajo nos preocupa la formación de los futuros periodistas, por lo que hemos organizado esta pequeña iniciativa, con el deseo de que sirva para fomentar buenas historias y la excelencia periodística.   Éste es el texto de la convocatoria:

“Durante estos últimos años la industria de la comunicación y la prensa en especial vive una crisis sin precedentes. Despidos masivos, cierres, recortes de gastos, descensos de audiencia y publicidad…
Tampoco faltan los oportunistas, profetas de la columna y gurús sin fundamento que han aprovechado la coyuntura para levantar el acta de defunción de la profesión. Y el periodismo no ha muerto. Quizá algunas cosas cambien por esta crisis, pero los valores esenciales del periodismo vivirán. Esos valores que periodistas como Ricardo Ortega han encarnado. ¿Qué tipo de periodista debería informar a la sociedad si las cabeceras, las oficinas, las empresas y sus cuentas de resultados desaparecieran? Aquellos que se juegan su propia vida por el compromiso de informar, aquellos que se quedan a solas frente a los hechos, sin el escudo de una marca, un logotipo o una cuenta de resultados.

Así vivió y así trabajó Ricardo Ortega, periodista y corresponsal de Antena 3. Murió asesinado en un tiroteo el 7 de marzo de 2004 mientras informaba sobre la crisis política en Haití. Tenía 37 años. Como corresponsal –ocho años en Moscú y cinco en Nueva York– cubrió, entre otros, los conflictos en Chechenia, Afganistán y Sarajevo. Sus compañeros le recuerdan como un hombre valiente, honesto y generoso. Con este premio la Universidad Miguel Hernández reivindica el compromiso de Ricardo Ortega con el periodismo, alejado de las trincheras ideológicas y fiel a su responsabilidad con los ciudadanos”.

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